Una cosa es clara, no
podemos deshacernos de la SAT. La pregunta que tenemos que hacer entonces es: ¿Con qué tipo de SAT queremos convivir?
La ley que le dio vida a las SAT, decreto 1-98, en su artículo 1 reza: “Se
crea la Superintendencia de Administración Tributaria, como una entidad estatal
descentralizada... Gozará de autonomía funcional, económica, financiera,
técnica y administrativa, así como personalidad jurídica, patrimonio y recursos
propios.” ¿Por qué el legislador da autonomía a SAT? Porque sabía perfectamente que si el ejecutivo se metía, podía utilizarla
para beneficios políticos y económicos o utilizarla como terrorismo fiscal
contra opositores. Las consecuencias de
que la SAT este en manos directas del ejecutivo, junto con sus roscas de poder
y redes de corrupción que conlleva ejercer la Presidencia en Guatemala, pueden
ser catastróficas.
La información
personal que maneja SAT de todos los ciudadanos es inmensa. En estos tiempos,
vale más tener mucha información que mucho dinero. Cualquiera pudiera saber a
quién le compra los productos que vende y a qué precio; de quién importa,
cuánto crédito tiene, cuáles son sus cuentas bancarias; la placa de sus carros,
su residencia; cuántos bienes tiene; etc.
De dicha información pueden fácilmente salir listados de extorsiones,
robos, secuestros, competencia desleal y demás. ¿Quisiera usted esa información en manos
inescrupulosas?
Cosas buenas han
salido de este asunto. La primera es ver a tantas personas y entidades de la
sociedad civil oponerse a este tema, desde CEDECOM, Cámara de Comercio,
ASPRODECO etc. La segunda es una
oportunidad de traer a discusión y promover cambios a la Administración
Tributaria.
Sin duda hay que modificar la Ley Orgánica de la Superintendencia de
Administración Tributaria. El primer
tema tiene que ser la conformación del Directorio que debería ser por
representación de varios sectores como se maneja la Junta Monetaria, algo que
no debería demorar ni es complicado. Después el Superintendente debería ser
electo por el propio Directorio y no por el Presidente de la República. Dejemos al Ejecutivo y la política fuera de
un puesto eminentemente técnico. Se debería de crear la carrera de servicio civil de la SAT y
promover la profesionalización de todos sus integrantes. Deben contemplarse salarios
competitivos y buenas prestaciones, sin descuidar un régimen disciplinario
efectivo. De la mano a esto se debería de crear la unidad de asuntos internos y
la unidad contra el contrabando y defraudación aduanera. Estas dos ultimas
instancias debería ser permanentes, independientes e interinstitucionales
formadas por la propia SAT, el Ministerio Público y Policía Nacional. El fin es claro, mantener a la SAT lo más
objetiva y recta posible.
Esto es algo que a
todo ciudadano le debe interesar. Es su futuro ¿Cuánto de ustedes amigos
lectores han sido llamados por la SAT para llevar sus facturas a ser
escrudiñadas? ¿Cuántos se han sentido maltratados por la SAT? ¿Cuántos se han
sentido extorsionados por la SAT? Si
hay un tema que debe unir a la ciudadanía es este.
Dejar en manos del
Ejecutivo esta institución es el pecado de omisión más grande que la ciudadanía
cometería en perjuicio propio y su libertad. No podemos, ni debemos permitir
que este tipo de situaciones se nos impongan. El Presidente no esta velando por
el interés de la ciudadanía. El
Presidente esta velando solo por los intereses propios y de su rosca. Ya
no más. Pongamos un alto a esta situación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario