Columna: Picando Piedra
Titulo: Comercio con El Salvador
Autor: Eugenio R. Fernández
Correo: picandopiedragt@gmail.com
En los últimos seis meses he estado viajando a El Salvador para
resolver un problema no arancelario a un cliente Guatemalteco. Por cierto
relacionado a una ley de 1927 recién desempolvada por los salvadoreños que lo
único que hace es poner trabas al comercio. No voy a entrar a los
detalles de lo ridículo, absurdo y contra la lógica de los ajustes de los
burócratas salvadoreños están haciendo a las exportaciones de Guatemala. No
creo que le ganen a los ajustes que realizan nuestros propios burócratas
guatemaltecos. Lo que podemos concluir es que ambos afectan la economía y
eficiencia nacional al encarecer los productos artificialmente y quién termina
pagando los platos rotos es el consumidor final.
Lo que me llamó la atención en El Salvador fue que solicité
ayuda a la embajada de Guatemala en El Salvador para que nos asistiera a
agilizar las gestiones que teníamos que realizar para solucionar el problema.
No puedo quejarme de la atención que recibió la embajada, sin embargo vale la
pena mencionar que uno de los país con el que más comercia Guatemala, es decir
el San Salvador, la embajada guatemalteca no cuenta con agregado comercial. Por
tanto no existió flujo fácil de los canales adecuados y la forma directa de ir
a las burócratas salvadoreños haciendo sus gestiones un tanto más deficientes
de lo que hubiera sido si hubiera existido un delegado comercial.
Le pregunté a un amigo que era ex embajador de Guatemala en
otras latitudes de porque no existía un delegado comercial en El Salvador y su
respuesta fue muy sencilla. A quien Centroamérica existen se utilizan otros
canales para manejar esas situaciones como decir el SIECA. Me indico que la embajada de Guatemala en el
salvador para lo único que serbia era para atender a nuestros diputados y
llevarlos a chupar. Valla inversión de nuestros impuestos.
Mi pregunta al ministro Relaciones Exteriores es porque no tenemos
un delegado comercial que apoye a los empresarios que se topan con problemas a
la hora de querer llegar nuestros productos a ese territorio hermano. Una de
las funciones principales de las embajadas es ayudar a colocar productos
nacionales en el extranjero, como forma de generar riqueza, empleo e impuestos
en el país.
La
semana pasada volví a El Salvador ha darle seguimiento este problema que lleva
seis meses sin resolver. La nueva sorpresa al llegar a la frontera fue que había
un nuevo procedimiento en la frontera salvadoreñas. Para todos los vehículos
que entran El Salvador se requiere ahora lo que podríamos decir una tarjeta de
circulación que ballet de 10 a $35. Sin esa tarjeta ningún vehículo extranjero
puede circular en país. El hecho de tener que pagar US$ 35 dolares por entrar
mi carro a El Salvador podría ser un problema. Sin embargo el verdadero
problema es que las autoridades salvadoreñas no estaban preparadas para cobrar
este nuevo impuesto. Tuve que esperar cuatro horas para que la única persona
que estaba a disposición de los conductores guatemaltecos pudiera atenderme,
recibir mi pago y emitir dicha tarjeta. La frustración en la frontera era
evidente, todos los gerentes, todos los empresarios que se dirigían al Salvador
veían perder su mañana en un procedimiento que no encuentro adjetivo para
calificarlo. Había que tocar una puerta después esperar a que esa puerta
abriera y una mano saliera extendiéndole un numerito. Por supuesto el conductor
en la calle bajo ese sol y calor infernal teniendo que esperar 40 número era
procesado entre 5 y 6 minutos. Eso nos obligaba a estar allí cuatro horas sin
nada que hacer, perdiendo el viaje programado 15 días antes.
Realmente
espero que el Ministerio de Relaciones Exteriores se ponga a trabajar por los
que vivimos en Guatemala y haga algo al respecto de estas burradas burocráticas
de nuestros hermanos salvadoreños y nos permitan trabajar.
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