El viernes pasado tuve una conversación con un amigo, que
nos conocemos desde niños en el colegio, y nuevamente alguien cercano me
cuestiona mi motivación para escribir esta columna y llevar los casos que
llevo. Me preguntaba que si estaba consiente que todos los que escribimos y
hacemos estas cosas asumimos un riesgo. Mi amigo más que abogado parecía
psicólogo y me dijo, después de analizarte he concluido que a voz te ha
afectado más de lo que te imaginas el exilio de tus padres de Cuba. Mi
respuesta fue clara, no le dije, me afecta más de lo que voz te imaginabas.
Mi padres tuvieron que salir de su país después de la
revolución de 1959, la dictadura que sigue gobernando la isla desde entonces
les confirió el apodo de “gusanos”. Esta revolución fue el resultado de un mal
estar general de la población en contra del gobierno corrupto de Fulgencio
Batista. Mi abuelo Remigio Fernández que es mencionado en los diarios de Che
Guevara sin embargo el Che no hace
referencia de que mi abuelo fue uno de los financistas de la revolución. En
Cuba todos querían el cambio ya que la corrupción se volvió insostenible hasta
los que más tenían.
Cuando la corrupción se vuelve insostenible, tarde o
temprano las cosas revientan. El problema es que en el reventar de las cosas
puede todo salir mal como en Cuba y Venezuela. El exilio es algo horrible, el
desarraigo no se lo deseo a nadie. Mucho menos a mi familia. Mi esposa e hijos
son guatemaltecos. No quiero para ellos los que mis abuelos, padres y hermanos
han tenido que pasar. Es por eso que hago lo que hago, le temo más a lo que le
puede pasar a Guatemala, el país de mis hijos, que lo que me pueda pasar a mi. Para
mi es muy importante que vivan donde nacieron y crecieron, que no pierdan los
sabores, olores y colores de su cultura, también lo malo y lo feo de Guatemala
que es parte de lo que son. Por eso
hago lo que hago, es importante fortalecer las instituciones que están encargadas
de custodiar la democracia o se puede perder todo.
El desgobierno y corrupción actual no puede ser permitido,
porque es insostenible. La alternativa es peligrosa. El tema de los bonos nos
debería preocupar a todos. No es posible que nos digan que van a pagar deuda,
cuando son incapaces de integrar esa deuda, hacer un mapeo de obras y una
auditoria de las mismas para tener la certeza de que estas se deben. Estos
bonos no son más que deuda que mis hijos tendrán que pagar, sobre lo que
considero es un robo por decreto de los bienes del Estado, si no demuestran lo
contrario.
Alguien afirmó correctamente que una golondrina no hace
verano. Pero no me puedo quedar de brazos cruzados esperando que alguien haga
algo. El Guatemalteco común, el Guatemalteco bueno tiene que despertar y darse
cuenta que el gobierno es quién tiene que tener miedo de las personas buenas y
no que las buenas personas tengan miedo del Estado.
La estrategia típica de la gente corrupta es en apostar en
que damos la otra mejía, en la amnesia colectiva, hacen largas y caras para que
nos demos por vencido, que mejor la gente siga con sus problemas y no se meta
en lo que no le “importa”. Esa actitud es la que hay que combatir. Por que si
bien es cierto que una golondrina no hace verano, de una chispa nacen los
grandes incendios.
Es por eso que aunque parezca un loco tocando mi bocina a
las 6 pm por tres minutos y estaré en el parque central el domingo con un
cartel diciendo “No a los bonos No más
corrupción” por que Guatemala Vale la Pena.
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